Peñarol Campeón del torneo Apertura

Peñarol
Foto: A. Inés Martínez Domínguez

Sueña con el tricampeonato

Aprovechar las circunstancias, controlar los estados de ánimo, sacar resultados a pesar del rendimiento, son virtudes indisimulables en un equipo. Y Peñarol las tuvo. Los de López son campeones del primer torneo del año porque, a pesar de sus baches en el rendimiento, fueron el mejor equipo, el más regular, el más fiable.

Un comienzo fulgurante en el Apertura lo puso adelante en la tabla y a resguardo de cualquier arremetida de Nacional, un cierre mucho menos vistoso en cuanto a juego no impidió que sumara en partidos decisivos.

Solo Fénix le pudo sostener el ritmo hasta la novena fecha, cuando empezó a desmoronarse como un castillo de naipes y Peñarol ya no tuvo rival rumbo al título.

Es cierto que casi no quedan rastros de aquella alineación impetuosa, intensa que arrolló a sus adversarios en las primeras fechas. Por diversos motivos el juego se hizo más previsible, anunciado y menos efectivo. Bajó el rendimiento de la mitad de la cancha, perdió potencia por las bandas, creó menos situaciones en el área rival.

Aún así, Peñarol nunca se desenfocó. Supo qué quería y cómo conseguirlo. Tras la decepción en la Libertadores llegó el clásico en el que sacó un punto que fue clave para el título. Y terminó su tarea ante Fénix.

En el Capurro dominó el partido y ganó sin objeciones. Fue Peñarol el que impuso las condiciones ante un rival que si corría podía lastimarlo.

El ida y vuelta de Ignacio Lores le dio un ritmo que el equipo había perdido, en el medio se impuso Walter Gargano y atrás mandaron Fabricio Formiliano y Cristian Lema.

Con marcas escalonadas, el aurinegro bajó el ritmo de los de Carrasco, que estuvieron incómodos durante toda la tarde.

Iban 17 minutos cuando Viatri anotó de penal el 1 a 0 tras una clara falta sobre Canobbio.

Fénix respondió sin resignar su idea de jugar por abajo y atacar por los extremos. A los 28 llegó el empate de Pérez luego de una jugada preparada a la salida de un tiro libre.

Sin embargo Peñarol corría mejor la cancha. El equipo tenía capacidad para saltear un mediocampo rival que daba ventajas. Sobre los 35 minutos Gabriel Fernández recibió un centro desde la derecha y cedió para Lores quien, adelantado, anotó el 2 a 1. El asistente no percibió que el arquero de Fénix estaba delante de la pelota y que entre Lores y la línea de gol había un solo jugador.

En la segunda parte el dominio del aurinegro se acentuó. Lores mantuvo su trajinar en el campo y Peñarol generó varias posibilidades de gol. Una mala tarde de Viatri impidió que la ventaja fuera mayor.

Mientras Fénix no podía empatarlo, Danubio caía en su cancha frente a Wanderers y el Apertura quedaba servido.

López mantuvo la base del equipo campeón Uruguayo. Y eso paga. El entrenador conoce a los jugadores y estos tienen clara la idea del entrenador. Con un arquero que salvó a Peñarol más de una vez, jugadores con experiencia capaces de revertir momentos difíciles y varias vías de gol, el Carbonero da un paso muy importante para conseguir su gran anhelo: ser tricampeón Uruguayo.

Fuente: 180

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