El uruguayo que se rompió cuatro veces y ahora juega en Ecuador

“Cuando sos guacho vivís en un mundo de fantasía y no te das cuenta de muchas cosas. Llega un momento en que te creés que sos Messi”, dice Ignacio Avilés. Pero después del debut en Primera, de defender a la selección sub 17 y cuando las puertas de Danubio se le cerraron, el mundo de la fantasía se transformó en la gris realidad del futbolista uruguayo.

“Si no amás al fútbol lo dejás porque es un ambiente de mierda. Te cansás de que te falten el respeto, que no te paguen, que te mientan en la cara, que te roben plata en los pases; millones de cosas pasan, es un mundo cada vez más complejo, cada vez más feo”, explica a Referí el volante de 26 años que este año vive su primera experiencia internacional en Fuerza Amarilla en la segunda división del fútbol ecuatoriano.

Cuando estaba en las inferiores de Danubio, al que llegó con 11 años, Avilés se vinculó con Daniel Fonseca: “Ahí el que daba siempre la cara por él era el Tito Sierra pero cuando se separaron me quedé solo con un contrato firmado. Tuve un par de reuniones con el Chino Recoba y le mostré al hermano lo que tenía firmado. Me dijo que era una chantada, que no tenía ninguna validez. Después no se dio esa relación jugador-empresario y cuando debuté apareció (Gerardo) Rabajda. Me dio lo que le pedí, pero cuando me lesioné desapareció. Recién volvió a aparecer cuando volví a jugar y como me prometió cosas que no cumplió decidí manejarme solo”.

“Algunos contratistas se piensan que por darte zapatos ya alcanza, pero tendrían que contemplar muchos otros aspectos. Preocuparse por la educación del jugador, llamar semanalmente, pagarte un profe o un gimnasio. Hay algunos que trabajan muy bien porque tienen pocos jugadores y establecen un vínculo de amistad con el jugador como Alexis Papasán. Yo no me manejo más con representantes. El que me traiga una oferta, la analizo y decido yo”, expresa el jugador.

El año pasado tenía todo arreglado con un empresario brasileño para irse a Blooming. Pero de la noche a la mañana se cayó: “Un representante uruguayo intercedió y le dijo que yo estaba roto, le mandó capturas de pantalla de mis lesiones con notas de prensa. Y al final terminó colocando un jugador suyo. Es todo muy sucio”.

Avilés, que en 2014 se tuvo que gestionar por sí mismo un préstamo a Miramar Misiones, terminó en Progreso tras jugar dos años y medio en Villa Española.

Ahora, en Ecuador, vive en un barrio privado de la ciudad de Machala, sufrió el agobiante calor de los primeros meses del año y disfruta del sabor de los camarones.

“Llegué de la mano de Johan Wilson, un empresario de Colonia, que me acercó la propuesta y se movió mucho, hizo muy bien su trabajo porque es muy reconocido en Ecuador y le estoy muy agradecido”, explica Avilés.

Lleva 14 kilos comprados de yerba y si bien no hizo una diferencia económica con su salida vive en un país donde el costo de vida es mucho más bajo y eso le permite otra capacidad de ahorro.
“Acá todo es barato. Se come barato, el boleto de bus sale centavos, el precio de un taxi se arregla de antemano, el combustible sale regalado. No tiene comparación con Uruguay”, explica.

“El torneo es complicado. Son 44 fechas, hay seis equipos con altura que emparejan mucho, hay que viajar mucho para jugar. En materia de infraestructura el equipo no es muy distinto a las realidades que viví en Uruguay pero el ritmo de juego es totalmente diferente: se corre mucho más”, dice Avilés que en 2009 jugó el Sudamericano sub 17 de Chile como doble 5 con Sebastián “Cabecita” Rodríguez.
Ahora busca el ascenso en Ecuador. Con Fuerza Amarilla. Y la fuerza de ser independiente.

Las lesiones
“Me rompí cuatro veces los meniscos. La primera vez con 18 años tras arrastrar cuatro meses una tendinitis. Ahí me limaron un pedazo pero no me lo sacaron. A los 19, me resentí poco antes del debut en Primera. Al año y medio de debutar, jugando contra El Tanque en Jardines hice un mal movimiento con la otra rodilla, la derecha, y me rompí. Cuando me estaba recuperando, hice toda la recuperación, pero en un calentamiento hice una largada en velocidad y me rompí los ligamentos, en 2013”, recuerda Avilés. Eso le costó su salida de Danubio; desde entonces no volvió a sufrir más con las lesiones.

La banda uruguaya

Nicolás Sanguinetti (el hijo del Topo que llegó procedente del torneo federal argentino), Christian Serrón, ex Rampla Juniors, y Nicolás Gómez, ex Villa Española son los compañeros uruguayos de Ignacio Avilés en Fuerza Amarilla. Sanguinetti es el encargado oficial de los asados y Avilés del termo y el mate.

Leonardo Ramos
“El primer día de la pretemporada me dijo junto a Ángel Cayetano que no nos iba a tener en cuenta. Si bien fue de frente y nos lo dijo en la cara, cosa que le agradecí, también le dije que me pudo avisar antes para que fuera más fácil conseguir equipo. Y también me pareció que fue injusto porque nunca me había visto sano como para saber lo que podía dar. En Danubio me dejaron medio pintado también, pero es mi cuadro, soy hincha. Hasta los ocho años era de Peñarol hasta que vi a Danubio darle flor de baile y me enamoré para siempre de esos colores”, dice Avilés, que en básquetbol es hincha de Sayago.

Fuente: Referi